Resumen de la Parashá Devarim

 

“Palabras” | דְּבָרִים

Torah: Deuteronomio 1:1-3:22
Haftarah:
Isaías 1:1-27
Brit Jadashah:
Hechos 7:51-8:4

Nos encontramos con el último de los discursos enunciados por Moshé para la nueva generación de Israelitas que entraran a tomar posesión de la tierra de la promesa


Nos encontramos con el último de los discursos enunciados por Moshé para la nueva generación de Israelitas que entraran a tomar posesión de la tierra de la promesa. Moshé inicia este discurso con un recuento de los viajes y de los eventos desde Sinaí hasta el punto actual (frente a Jericó, del otro lado del Jordán). Entre los eventos que Moshé trae a la memoria están: 

• El nombramiento de los jueces

• La elección de los espías

Por un lado Moshé nos recuerda que la tarea de hacer entrar al pueblo era grande y necesitaba de ayuda para sobrellevar los casos y cargar del pueblo. Estos jueces debían cumplir con ciertos requisitos no negociables para ser verdaderas ayudas para Moshé. Por otro lado, el evento de los espías solo nos recuerda que este trabajo era grande y la mayoría del pueblo no fue noble para ser pastoreado por Moshé (creyeron a un pésimo reporte de todo lo que implica la tierra) y escuchar las palabras del Eterno a través de su siervo y, por lo tanto, el Eterno les dio el castigo de “no permitirles entrar en su reposo”.

En este recuento, Moshé les recuerda que cuando queremos actuar rectamente pero ya es tarde para ello, no se está haciendo la voluntad de Dios, sino la propia, pues terminaron muertos en Horma a manos de los amorreos.

  

   Dentro de los 39 años en el desierto, el Eterno encamina al pueblo a la orilla del Jordán con la generación que entrará lista para el abordaje. En esta conquista, el Eterno da instrucciones específicas con respecto a no tocar la tierra de Moab y Edom, puesto que esas son las heredades asignadas a cada uno de ellos. Sin embargo el Eterno puso temor y espanto en las naciones por Israel. La fama de Israel precede al mismo. Esto nos remite a que el Eterno sigue declarando: “No hallo pecado en Israel”, nos sigue viendo con los ojos de Padre orgulloso.

   Moshé describe la toma de las tierras de Sehón y Og. En esta narración enfatiza claramente que el Eterno le dice que ha entregado a los reyes en sus manos. Es el Eterno quien obstinó el corazón de ellos y endureció el espíritu de ellos también con el motivo de que sean entregados en manos de Israel. 

Finalmente menciona la repartición de la toma de las primeras porciones de hereda para Reubén, Gad y la media tribu de Menashé. Enfatizando fuertemente el compromiso de estas tribus de, que pese a que ya había recibido heredad, marcharían para auxiliar al resto de sus hermanos que tomarían su porción de heredad en eretz kenaan.

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