Resumen Parasha Koraj
“Calvo” | קֹ֔רַח
Torah: Números 16:1 - 18:32
Haftarah: 1 Samuel 11:14 – 12:22
Brit Jadashah: Hechos 5:1-11
Pese a la muerte de los diez malos informantes y la sentencia del Eterno de que no entrarían en la tierra de la promesa, el pueblo volvió a sufrir los estragos de la rebelión. Esta ocasión la rebelión brotó desde la entrañas del liderazgo de Israel, cuando Koraj ben Yitzhar ben Kehat intentó desafiar la orden del Señor con respecto al nombramiento de Kohen Gadol de Aharón hermano de Moshé. Por su parte el abiertamente señaló que habían actos de nepotismo al tener a su hermano y sobrinos en “puesto de trabajo” más importante. Así mismo acuso de menospreciar al pueblo en su santidad, la suficiente como poder subir y tomar la tierra de la promesa.
Pese a los intentos de
Moshé de reconvenirlo y en su ánimo por detentar el ministerio sacerdotal, le
fue propuesta a Koraj la prueba que decidiría de una vez y por todas quien es
realmente el enviado de Elohim. Koraj prepararía a sus 250 hombres contra
Aharón.
Por su parte, Datán y
Abiram, principales de entre los rubenitas, se negaron a ser parte de concilio
ante Moshé. Dentro de la ira que había en ellos, se negaron a aceptar su
destino en el desierto y acusaron a Moshé de haberse impuesto ante la
congregación y aún más el mentirles para sacarles de la “tierra de leche y
miel” y traerlos al desierto para hacerse señor de las 12 tribus. Hablaron mal
de Moshé y de la tierra de la heredad. Ante tal respuesta la ira de Moshé se
encendió contra ellos y pronunció las palabras aún vigentes para aquellos que
hablan mal contra Moshé siervo del Elohim Altísimo:
“No mires a su ofrenda; ni aun un asno
he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho mal…”
El Señor hizo señales
ante el pueblo al responder la petición de Moshé, donde pedía que la tierra se
tragara a Datán y Abiram, sus familias y que todos bajaran vivos al sheol. El
Eterno respaldo el liderazgo de Moshé y aún más afirmó que él era el libertador
enviado con la señal: la tierra se abrió y Datán, Abiram y sus familias bajaron
a sus entrañas en vida. Así mismo Koraj y su séquito murieron consumidos por
fuego del Eterno.
Pese a tales
acontecimientos y señales de parte del Eterno, el pueblo se volvió a levantar
en contra de Moshé y Aharón, acusándoles de haber sido el motivo de la muerte
de todos los que un día anterior se habían rebelado abiertamente contra el
Eterno. Nuevamente el Eterno se presenta en el tabernáculo ahora en defensa de
Moshé y Aharón produciendo una mortandad entre el pueblo. Moshé le indica a
Aharón que haga expiación por pueblo ante el Señor para detener la mortandad.
Cuando esta se detuvo, Aharón volvió ante el Señor y les dio a
ambos una señal definitiva: las varas que reverdecerían. Cada uno de los príncipes de las tribus trajo
una vara y fue marcada con su nombre de tribu. Así mismo Aharón trajo su vara y
delante del Eterno ésta reverdeció, floreció y hasta fruto produjo. Ante tal
señal el pueblo temió al Eterno. La vara fue puesta como parte del testimonio.
Finalmente y ante la desesperación de pensar que todo el pueblo perecería el
Eterno le encargó a Aharón y sus hijos el encargarse de llevar la carga de los
pecados de Israel para interceder y a cambio el Señor les daba por Porción las
ofrendas y los diezmos para su sustento.
