Koraj II (5782-5783)
14 Tampoco nos has traído a una tierra que fluye leche y miel, ni nos has dado heredades de campos y viñas. ¿Vas a sacar los ojos a estos hombres? ¡No iremos!
15 Entonces Moisés se enojó muchísimo y dijo al SEÑOR:
—¡No aceptes su ofrenda! Ni siquiera un asno he tomado de ellos, ni a ninguno de ellos he hecho daño.
Números 16:14-15 (RVA2015)

La rebeldía ha subido de nivel en este punto del pasaje. Todo como resultado del mal reporte de los espías. Datan y Abiram, dos rubenitas que no están comprometidos con el Señor. Y solo quieren una excusa para quejarse y regresar a sus viejas y esclavizadas vidas. Le espetaron a Moshé su indignación con respecto a la decisión del Señor. Incluso parece que ellos atribuyen que es un berrinche de Moshé el que no vayan a entrar más que voluntad del mismo Dios Eterno.
Ellos se atrevieron a desafiar no la autoridad de Moshé solamente, sino la del Eterno que descansaba en los hombros de Moshé en ese momento. La ira de Moshé brotó e hizo una petición al Eterno: “No aceptes nada de ellos, porque con falsedad han hablado en contra de mi. Su ofrenda y servicio no es agradable”.
Esta actitud es muy popular entre el pueblo del Señor. Muchos no tienen un compromiso real con el Eterno, sino con sus propios intereses. Cuando el Señor no responde de manera favorable entonces la persona se enoja y desafia la autoridad del Eterno y aún más se instituye sobre sí mismo teologías erradas; las cuales están fundamentadas en su sentir y pensar, y con justificaciones forzadas en la Escritura.
Estas teologías que apelan al mucho amor, al perdón según convenga y la “gracia” solo fomentan que la persona se acostumbre a su pecado y viva con él y aún más le incentiva que sirva al Señor ofreciendo ese pecado como parte vital y mayor. Estas teologías lo que hacen en incentivar un anhelo por alcanzar las bendiciones de los libres, viviendo mediocremente como esclavo del pecado. A la larga, la persona ve que es más conveniente vivir en su pecado y se mantiene esclavo, obteniendo lo que buenamente puede alcanzar con sus pocas fuerzas.
-¿Qué creyente en su sano juicio vive así?- vendrá la pregunta con indignación de muchos. Después de todo en Cristo somos libres. Sí, pero la responsabilidad de vivir como libres nos la dio el Señor una vez que nos hizo cruzar el mar. Datán y Abiram hacian responsable a Moshé y a Aharón de sus errores y de que el Eterno sentenciara que no entraran a la tierra de la promesa. “Dios nos libró y merecemos la tierra no importa que hayamos altercado con el Eterno ya diez veces”, pero sin querer sufrir las consecuencias de tu errores. Eso es pensamiento no de un hijo de Israel, no de un hijo de Dios, sino de un egipcio que fácilmente blasfemaría el nombre del Señor Eterno cuando se sienta incomodo o cuando no se le da lo que él tanto quiere. Y a más de eso, sin cambiar su actitud, su pecado y su pensamiento.
Los que son fieles, los que son comprometidos, los que obedecen y aman a Mashiaj Yeshúa, esos son los que van a recibir la tierra de la herencia. Esos son los que van caminando a la eternidad. Pero los que quieren seguir viviendo igual que todos los gentiles, sin distinguirse de los demás esos son los que perecerán fuera del reposo del Eterno.
Atribuirle a Egipto que es la tierra de la eternidad es una ofensa grave. Que quieran hacer tu propio parecer y que le quieras imponer a eso el título de “Voluntad de Dios” es una ofensa terrible. La petición de Moshé para la gente así sigue presente: “Señor, no recibas ni su ofrenda ni su servicio porque yo no los he dañado”. Y el Señor, como entonces, ahora lo sigue escuchando y aquellos que están en contra de las palabras Moshé y de Mashiaj pueden estar seguros que su servicio y ofrenda no es recibida ni mirada por el Eterno.
Debemos tener cuidado con la doctrina con la que a diario vivimos y practicamos. Si está nos lleva a obedecer la Instrucción del Señor, su Torah, sus Leyes, mirando al Señor Yeshúa como ese ejemplo de su cumplir entonces estemos seguros que no encontraremos queja alguna contra el Señor, sino una oportunidad para obedecer mejor y conocer más de lo que tiene en su corazón para nosotros.
De lo contrario, solo estaremos yendo por el rumbo de Datán y Abiram, blasfemando de la tierra de la heredad y en cosntante afrenta contra el Señor y contra Yeshúa el Mesías. Y esta última actitud solo nos llevará a recibir el destino de estos dos rebeldes esclavos de su propio pecado y caracter pesimista.
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