Beha'aloteja II (5782-5783)
20 Moisés, Aarón y toda la congregación de los hijos de Israel hicieron con los levitas conforme a todo lo que el SEÑOR había mandado a Moisés acerca de los levitas. Así hicieron con ellos los hijos de Israel. 21 Los levitas se purificaron de pecado y lavaron sus vestiduras. Luego Aarón los presentó como ofrenda mecida delante del SEÑOR, y Aarón hizo expiación por ellos para purificarlos. 22 Después de esto, entraron los levitas para servir en el tabernáculo de reunión delante de Aarón y de sus hijos. Conforme a lo que el SEÑOR había mandado a Moisés acerca de los levitas, así hicieron con ellos.
Números 8:20-22 (RVA2015)

Una vez escuché que le dijeron estas palabras a un chico que dirigía la alabanza: “Esta labor de hacer devocional y orar antes de ensayar es bueno. Preparense mucho y recuerden que la alabanza es tan importante como la predicación, pues del espíritu que la congregación reciba de ustedes al ministrarlos depende que esten sensibles o no para la Palabra del Señor”.
A veces podríamos pensar que la labor de los Levi’im(Levitas) es menos importante. Después de todo son solo “jalacables”, estibadores santos. Muchos cargos fuera del sacerdocio podrían tomarse como menores. Pero es todo lo contrario.
El Señor ordenó que los Levi’im pasaran por un proceso de purificación, inmersión ritual (bautismo ritual Hebreos 6:1-2) y luego la consagración correspondiente. Así como el Señor lo ordenó, así lo hicieron.
El servicio del tabernáculo conlleva mucho compromiso, mucho trabajo y mucha santidad. Todo servicio hecho en el Mishkan(Tabernáculo) o Mikdash(Templo) requería un alto sentido de responsabilidad de los Levi’im. No podían tomarlo a la ligera porque podría no solo costarles la vida, sino también la vida del pueblo. Pero ¿Por qué? Porque son ellos el vallado entre el Señor y el pueblo. Son ellos al igual que los querubines los que salvaguardan la santidad del Señor. No porque vaya a ser contaminado, sino que esa santidad no llegaría al pueblo y lo destruiría. Debemos recordar que el pueblo está en un constante proceso de trabajar y solidificar su fe y santidad.
Es curioso como el día de hoy cualquiera puede entrar al servicio del Señor. Al decir esto, es en referencia a muchas personas que sin llamado y sin siquiera haber descubierto sus dones espirituales se les confía un cargo de autoridad. Aún más, hay quienes no tienen noción de porque son salvos y se les confía la enseñanza de la Escritura para guiar a otros.
El pueblo ha convertido el servicio santo al Señor Eterno de Israel en un juego de poder, una aspiración de autoridad sobre los demás hermanos.
No hay consagración, no hay purificación, no hay una conciencia de querer servir al Señor como Él lo estipula, solo un actuar y “decidir” como la persona lo entiende o considera mejor. Aún muchos liderazgos se levantaron de esa manera y las consecuencias perduran hasta hoy.
Cómo el Señor Yeshúa diría a Juan que escribiera “pero haz olvidado tu primer amor”, ese Amor que te hace actuar, pensar y hablar conforme a lo que el Señor te indica y te instruye con Amor.
La única manera en que podemos corregir esto es que el pueblo hoy se decida a hacer lo correcto y exigir que los líderes sean santos al Señor como es debido, pero a la vez implica un esfuerzo de ser santos y justos, dedicados y concientes. Hacer esto mismo en mi. Debemos entender que en too aspecto, TODO el pueblo debemos ser santos y mucho más en su servicio, porque de todo eso daremos cuentas al Señor.
Volvamos a la pureza en el Eterno y que la santidad de nuevo caracterice a los discípulos de Yeshúa el Mesías, nuestro Señor.
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