Emor III (5782-5783)

17 El SEÑOR habló a Moisés diciendo: 18 “Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles que si alguno de la casa de Israel o de los extranjeros en Israel presenta su sacrificio, en cumplimiento de cualquier voto o de cualquier ofrenda voluntaria que presenta en holocausto al SEÑOR, 19 para que les sea aceptado será un macho sin defecto, ya sea toro, cordero o cabrito. 20 No ofrecerán ningún animal con defecto, porque no les será aceptado.
21 
“Asimismo, cuando alguien ofrezca un sacrificio de paz al SEÑOR, sea en cumplimiento de un voto o sea como una ofrenda voluntaria, para que sea aceptado será sin defecto, tanto de las vacas como de las ovejas. No ha de haber defecto en él. 22 El animal ciego, perniquebrado, mutilado, verrugoso, sarnoso o tiñoso, no lo ofrecerán al SEÑOR. No pondrán de ellos una ofrenda quemada sobre el altar del SEÑOR.


Levítico 22:17-22 (RVA2015)

Hoy el pueblo está apático, no quiere esforzarse por obedecer al Señor... “Él comprende y nos tiene paciencia. El me perdonará y me limpiará, al cabo que es su trabajo”


     La ofrenda al Señor es uno de los elementos más importantes de nuestra adoración. No solo consiste en presentar un animal para ser quemado. Representa todo una actitud del ofrendante y, a su vez, es una herramienta para fortalecer la relación con el Señor.

¿Por qué una actitud? Para ofrecer una ofrenda de paz, por ejemplo, debía haber en él una convicción de que el Señor le saco de casa de servidumbre. Así mismo debe tener la certeza de que la Torah del Señor es buena, proviene de Él y que al cumplirla está viviendo en justicia. Más aún, saber que está adquiriendo aquello que el Señor nos dijo que tuvieramos en Él: Santidad. Por lo tanto se aleja de todo aquello que le contamina y le aleja del Dios Altísimo. 

     Cómo muestra de que tiene esta convicción y de que está viviendo de acuerdo con los estándares que el Señor nos dio de justo, santo y bueno, presenta una ofrenda. La ofrenda es ese acercamiento que le dice al Señor: Comamos juntos, porque todo lo que esperas de mí, eso es lo que hago. El momento de la ofrendas se vuelve una comida de celebración entre el ofrendante, el sacerdote y el Señor.


     La ofrenda demuestra nuestro estado o nuestra situación con el Señor. Si soy esforzado o si soy constante, si por amor a Él me levanto y me repongo de los golpes, la ofrenda lo refleja. ¿Cómo? en una como lo pide: Sin defecto, sin enfermedad, sin tacha.


     A lo largo de la historia de Israel, el pueblo ha tenido altos y bajos con respecto a sus ofrendas. Al punto que el Señor reprocha por qué el tiene que recibir una ofrenda defectuosa si ni a los hombres la darían. 

     El concepto de la libertad y la santidad es tan ambiguo para el pueblo que se atreve a servir al Señor en las circunstancias menos indicadas y trayendo ofrendas de lo más defectuosas. Y aún más, impregnadas de apatía de nuestra parte. ¿Y queremos que el Señor la reciba?


     Hoy el pueblo está apático, no quiere esforzarse por obedecer al Señor. Es más importante cumplir con nuestros empleos, quedar bien con la esposa, quedar bien con el líder y sus enseñanzas,... y con el Señor, pues “Él comprende y nos tiene paciencia. El me perdonará y me limpiará, al cabo que es su trabajo”.

     Nuestro ser presentado como ofrenda viva esta lleno de muchos defectos: enojo, angustia desmedida y agonizante, tristeza que no quiere ser consolada (nos gusta sufrir nuestros problemas), apatía y cansancia (ya todo mundo desea cumplir lo mínimo que lo haga verse y sentirse espiritual), busca solo lo que llene su piel (solo busca lo emocional, y si no despierta sus emociones lo desecha), solo buscando el interés (no es malo superarse, pero en muchos esa es la meta de buscar al Señor; más que un Padre amoroso se le trata como genio de la lámpara),... esto produce que no querramos obedecer al Eterno y su Torah. ¿Qué clase de ofrenda podemos entregarle al Señor con todo esto y más en nuestro haber? Una llena no solo de defectos, sino enferma y moribunda.


     Es momento de corregir el rumbo que estamos llevando y hacer de nosotros una ofrenda agradable al Señor. Y solo lo lograremos siendo vigilantes de nosotros mismos, luchando contra nuestra apatía y conformismo y disciplinándonos para cumplir lo que el Señor espera de nosotros. Esta es la única manera en la cual podremos hacer de nuestro ser una ofrenda agradable y sin defecto. Empezar con pasos lentos pero precisos: obedeciendo su Torah, guardando shabat y sujetándonos al Padre como Yeshúa nuestro Señor lo hizo. Eso es lo que hizo de Yeshúa esa ofrenda aceptada: que en Él no hubo pecado, sino que vivió en santidad.


     Eso debe haber en nosotros: una vida que día a día se aleja del pecado, resiste la tentación y huye de ella, y que obedece para alcanzar la estatura de Yeshúa. Él nos marca el rumbo y el paso, pero nosotros somos los que caminamos. Efectivamente el Señor me va a indicar cuando hacer porque yo ya se que hacer. Volvamos a la senda antigua, a la Instrucción del Sinaí y, viviendo en justicia y santidad, hagamos de nuestra vida una ofrenda agradable y de paz para con Él.


“Hoy estamos un día más Cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa/Jesús”


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