Emor II (5782-5783)

 

17 “Habla a Aarón y dile: ‘A través de sus generaciones, ningún descendiente tuyo que tenga algún defecto se acercará para ofrecer el pan de su Dios. 18 Ciertamente ningún hombre que tenga algún defecto se acercará, sea ciego, cojo, mutilado, desproporcionado, 19 quien tenga fractura en el pie o en la mano, 20 jorobado, enano, quien tenga nube en el ojo, quien tenga sarna o tiña, o tenga testículo dañado. 21 Ningún hombre de la descendencia del sacerdote Aarón que tenga algún defecto podrá presentar las ofrendas quemadas al SEÑOR. Tiene defecto; no se acercará a ofrecer el pan de su Dios. 22 Podrá comer del pan de su Dios, de las cosas muy sagradas y de las cosas sagradas; 23 pero no entrará detrás del velo ni se acercará al altar, porque tiene defecto. Así no profanará mi santuario, porque yo soy el SEÑOR, el que los santifico”.

Levítico 21:17-23 (RVA2015)

 

Si estamos dependiendo del Rey de reyes y Señor de señores, podemos sanar y perdonar para seguir avanzando y entregarle un servicio santo cada día.


    Es muy importante no menoscabar el servicio al Señor. No solo por el pueblo en sí, sino también por el liderazgo, el sacerdocio en el caso de este pasaje. La persona debe estar físicamente apta para servir al Señor. Aharón debe velar para que su descendencia no tenga ningún defecto. Debe instruir a sus hijos a cuidar de sí mismos y de sus esposas para que cuando engendren hijos, estos nos sufran las negligencias y descuidos o excesos. Así esos hijos estarán sanos en todo aspecto para servir al Eterno.

    El día de hoy, dentro del pueblo del Señor, muchos entran al liderazgo y son gente que no está aptas para el servicio. Su persona está enferma o tiene algún defecto que no se ha preocupado por arreglar y sanar. Generalmente deseamos servir al Señor y eso es bueno. Pero si no dejamos que el Señor nos restaure y nos sane, estaremos en condiciones impropias para servirle y entonces, más que presentar un servicio grato y ser factores de avivamiento entre el pueblo, somos el medio para diluir la importancia del servicio al Eterno y conducimos al pueblo a un estado de apatía pues: “en cualquier estado en que me encuentre puedo servir al Señor y acercarme al trono de la gracia”.

 

    ¿Qué defecto te has permitido en tu corazón y no has dejado que el Señor sane y restaure? ¿Qué defectos te están estorbando para servir al Señor? ¿Qué sentimientos han estorbado tu relación con el Señor, que al tratar de presentarte como ofrenda viva te hacen ver jorobado (con muchísimas cargar que te imposibilitan aún moverte para cumplir con lo instruido por el Señor), ciego (que te ciegan de lo que el Eterno quiere mostrarte), o enano (que no te dejan crecer ante Él)? ¿Cuántas obras haces para el Eterno con manos rotas o pies rotos (no como el Señor lo pide y en un camino bajo tu propia opinión y cosmovisión de la vida de Israel)?

    En ocasiones es fácil culpar a la vida que en la familia se ha suscitado. Igualmente lo que en la congregación malamente se da en estos días y bajo esta sociedad tan corrupta y tan parecida a la que enfrentó Noaj/Noé. No que lo que hayamos sufrido sea insignificante, al contrario nos marca de por vida. Pero también es cierto que si estamos dependiendo del Rey de reyes y Señor de señores, podemos sanar y perdonar para seguir avanzando y entregarle un servicio santo cada día.

Mantener estos defectos en nuestro ser lo único que hace es envenenarnos más, amargarnos más y llevarnos poco a poco a desconfiar del Señor. Nuestra fe se comienza a caer a pedazos y lo que dominará en nosotros será ese mar de emociones sin control que más que guiarnos a Dios, nos hacen centrarnos solo en nosotros mismos.

Tampoco es fácil lidiar con algo de esta talla, pues en ocasiones es un monstro que no se derriba a la primera. Pero si David pudo derribar a Goliat, nosotros podemos vencer también en el nombre de Yehovah Sebaot (El Eterno de los Ejércitos).

 

    Éste es el momento para volver a la Torah del Señor y encontrar en ella todas las herramientas, que el Señor Yeshúa nos enseña, para avanzar y dejarnos sanar por Él. Para que Él cambie de nuestro ser todo esto que nos estorba, debemos refugiarnos en su Torah, ya que en ella encontramos no solo su voluntad sino también la forma de sanar y perdonar lo que todavía duele. En ella encontraremos como alejarnos del dolor que satanás, a lo largo de nuestra vida, ha estado alimentando. En ella encontramos como ser librado de esa esclavitud del dolor. Y así lograr presentarnos agradables al Señor, que Él día a día vea en nuestros cuerpos una ofrenda agradable y de olor grato cuando arda en el altar. Que nuestro servicio no tenga ninguna clase de estorbo para que logremos ser esa luz que alumbra los pasos de las naciones a Yeshúa el Mesías.

 

“Hoy estamos un día más Cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa/Jesús”


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