Bemidbar II (5782-5783)
20 De los hijos de Rubén, primogénito de Israel, todos los varones de veinte años para arriba, todos los que podían ir a la guerra, fueron contados por nombre, uno por uno, conforme a sus generaciones, según sus clanes y sus casas paternas.

Esta sección del Libro de Números es bastante interesante. Tiende a repetir los mismos parámetros a considerar en el censo. Para cualquier persona no tendría nada de relevante salvo que se mire con más detenimiento estos parámetros.
Podemos notar que el Eterno pide los mismos requisitos para ser contados como pueblo. Esto es especial porque podemos saber que el Eterno nos quiere dar ese mismo estatus de pueblo a todos los que somos llamados. Sin embargo viene la pregunta obligada: ¿El pueblo queremos el mismos estatus que el Eterno nos ofrece?
Algo que el pueblo hoy quiere es: 1) Todas las bendiciones que a Israel le tocan, queremos recibir los mismos galardones y si se puede un poco más y, 2) menos responsabilidades que las mencionadas en la Escritura. En efecto, el día de hoy el pueblo anhela menos la responsabilidad y el tener que hacer esfuerzo. Y más aún lo que desea los beneficios de haber obedecido sin preocuparse por las cosas del Señor.
“Para los judíos es eso, para mi es la gracia”, una gracia permisiva, una gracia laxa, superflua, que no nos implica muchos cambios de vida. De hecho, mientras menos cambie mi antiguo vivir y más bendiciones se sumen a mis bolsillos, mi éxito y mis aspiraciones, mucho mejor.
El Señor nos ha enseñado que para Él somos perlas preciosas, las cuales valen la pena cualquier precio por tal de adquirirlas. Ese precio dispuesto a pagar fue la sangre preciosa de nuestro Señor Yeshúa. Y nos compró para ser limpiados, pulidos y parte de su tesoro especial que a ojos de otras naciones resplandece para conducirlas a Él.
Debemos entonces permanecer como esas joyas preciosas del Señor. Debemos aceptar que: las condiciones de la Escritura son tanto para Judá, como para nosotros. Somos parte de un mismo pueblo: Israel.
Y si queremos seguir siendo contados en las filas de los fieles, debemos aceptar las condiciones que el Eterno nos ha entregado y dar de nosotros lo necesario para seguir siendo joyas del Señor. Debemos buscar y anhelar el estatus de pueblo que nos da en Mashija Yeshúa y obedecerle y lograr la meta, después de todo, Él es quien nos rescató y nos entregó un manual de vida para seguir siendo libres; no lo ignoremos, no lo desechemos, más bien obedezcamos y respondamos a su llamado.
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