Behar III (5782-5783)

 

19 La tierra dará su fruto, y comerán hasta saciarse y habitarán en ella con seguridad.
20 
“Si preguntan: ‘¿Qué comeremos el séptimo año, puesto que ni hemos de sembrar ni hemos de cosechar nuestros productos?’, 21 entonces yo decretaré para ustedes mi bendición el sexto año, y habrá fruto para tres años. 22 Sembrarán en el octavo año, pero todavía comerán de la cosecha añeja. Hasta que llegue la cosecha del noveno año, seguirán comiendo de la cosecha añeja.


Levítico 25:19-21 (RVA2015)

La bendición es la consecuencia o el galardón de la obediencia.


    La abundancia que viene de obedecer a Eterno no tiene comparación. Y no es un mensaje de la prosperidad. La Escritura realmente nos dice que el Eterno nos va a dar mucho y que aún las ventanas de los cielos se abrirán para que la bendición y el sustento brote a borbotones.

    Sin embargo, hay una situación que como pueblo del Señor debemos entender y considerar a la hora de esperar la bendición. Este elemento se llama obediencia. La obediencia es un factor crucial en la Torah que determina si recibimos o no la bendición. De hecho, la bendición es la consecuencia o el galardón de la obediencia.

 

    El pueblo sería prospero en la tierra de la promesa si se ocupaba de seguir los lineamientos del Señor y más aún respetar el año shemitá (7no año o sabático). Pese a que nos encontramos fuera de la tierra de la promesa, podemos disfrutar de los beneficios que la obediencia a la Torah nos trae. El más importante de todos es Yeshúa. La Torah tiene el propósito no solo de que encontremos a Mashiaj Yeshúa, sino que nos preparemos para recibirle y vestirnos con ropas de gala, ropas de boda para ser llevados por Él cuando regrese.

Esto es importante ya que el año shemitá depende de que el pueblo encuentre a Yeshúa. Y hoy, de obedecer a la Torah viendo a Yeshúa en ella depende que entremos a este tiempo maravilloso de reposo que es el año shemitá.

    Este año no solo es un descanso prolongado para la tierra, sino que profetiza el milenio del descanso y reposo para la tierra: descanso de guerras, de genocidio, de contaminación, de maltrato, de muertes y sepulturas clandestinas, descanso de recibir nuestro pecado y tragarlo.

 

    Por eso es tan importante que vengamos a obedecer al Señor y no creamos que estamos excluidos de la Torah del Señor, al contrario, nos guía a beneficios que el Eterno desea darnos. Solo los indoctos y necios negarían rotundamente. Obedecer la Ley del Señor no anula la obra de Mashiaj Yeshúa, sino que la reafirma y la confirma. Nuestro mayor beneficio es ser tan diferentes del resto del mundo que la gente querrá salir de su estado para venir a los pies del Eterno.

 

    El día de hoy el pueblo prefiere lucir como las naciones, para darles un pequeño atractivo y que deseen venir a la congregación. Pero el mensaje del Eterno no es lucir como ellos, sino salir de en medio de ellos para hacer como el Eterno espera de nosotros. Debemos superar a las generaciones anteriores a nosotros en esa devoción y fe y obediencia al Eterno. La bendición que el Eterno nos tiene preparada solo se logra alcanzar con la motivación correcta: Amar al Eterno, obedecerle porque Él nos libró de casa de servidumbre y todo lo demás que pidamos nos será concedido en el nombre de Yeshúa.

 

    Disfrutemos no solo del Año shemitá, sino de toda bendición de reposo para nuestro corazón que el Señor nos quiere dar previo al reposo completo y pleno. Obedezcamos su Torah, indaguemos sobre la profundidad de ella y llenémonos de más de conocimiento y amor por Él.

 

“Hoy estamos un día más Cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa”



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