Resumen parashá Tazria
La porción Tazria continúa con las leyes de pureza que como pueblo debemos seguir. Dos tópicos presenta la porción, tan diferentes y tan relacionadas entre sí. Por un lado la impureza de la mujer que concibe y el proceso para recuperar la pureza ritual para participar del altar.
En el caso de la mujer que concibe, no es que pro-crear sea
un acto malo al cual debemos rehuir. Ser impuro no es pecado, solo un estado
que no nos permite participar del Altar. Por naturaleza estamos imposibilitados
de participar del altar, pero es nuestro deber buscar mantenernos puros para el
Eterno. El texto nos sugiere que la ofrenda jata’at da a la persona
purificación.
El tiempo de
apartarse del altar varía si es un niño o una niña. La Torah no da una razón
explícita sobre este hecho, pero podemos conectar esto con el nacimiento de
Mashiaj donde “la mujer concibe su simiente”.
La Torah se
centra en el hecho de la mujer purificándose y volviendo a participar del
Altar.
Seguidamente, el
Eterno da las instrucciones de como Aharón y sus hijos podrán diagnosticar el
tzara’at, la enfermedad que marca la carne de una persona indicando su
imposibilidad temporal de participar del altar y el servicio del santuario.
Hombre o mujer,
viejo o joven que padeciera de alguna anomalía en su cuerpo, debía ser
inmediatamente aislados para una nueva evaluación y el posterior dictamen. La
lepra podría aparecer en cabeza, quemaduras, heridas de forúnculos, zonas con
bellos. Así mismo, la aparición de tzara’at en prendas de vestir, su reclusión
y su futuro diagnóstico.
Aquellos que
finalmente son diagnosticados con Tzara’at tendrá que anunciar que su condición
es de impureza, para que nadie corra el riesgo de quedar impuro e
imposibilitado del servicio del Mishkan / Tabernáculo.
