Metzora' III (5782-5783)
30 “Asimismo, ofrecerá una de las tórtolas o uno de los pichones, según lo que pueda. 31 Según lo que pueda, uno será para el sacrificio por el pecado y el otro para el holocausto, además de la ofrenda vegetal. Así el sacerdote hará expiación delante del SEÑOR por el que se purifica”. 32 Estas son las instrucciones para el que haya tenido lepra y no tenga lo suficiente para su purificación.
Levítico14:30-32 (RVA2015)

La cuestión de la pureza dentro del pueblo del Señor es primordial. Sin ella, no podemos ser candidatos a seguir sirviendo al Señor. En ocasiones, se nos ha enseñado que no importa como te encuentres, puedes acercarte confiado al Señor como estés.
Si bien es cierto que el Señor perdona a cualquiera que se arrepiente y confiesa a su hijo Yeshúa como único salvador y como Elohim/Dios mismo, ese es el primer paso para acercarnos al Trono de la gracias. Se necesita más de nosotros.
Génesis 41:14
Yosef/José no salió de la prisión y se dirigió a faraón como sen encontraba. Primero se cambio sus ropas y arreglo su imagen. Es decir, para encontrarnos con el Señor debemos cambiar nuestros vestidos. Debemos purificarnos y entonces dejar que nuestro Sumo Sacerdote lleve nuestra causa delante del Padre. Pero este es el paso que nadie quiere realizar. Cuando el Señor nos recibe, nos limpia y nos sana. Y ese estado de limpieza y sanidad debemos seguirlo trabajando, debemos seguirnos purificando para el Señor. El acto de purificación conlleva que debo entregar todas aquellas viejas costumbres que a mi gusto o conveniencia sigo guardando. Por más que sea cálida y familiar esa cosutmbre o hábito, si va en contra del Señor y me lleva más a la idolatría debo abandonar dicha practica. Esto es lo difícil: "Todo mundo quiere una vida sincretizada con sus propios gustos, deseos, sueños y aspiraciones".
Cuando un metzora' se lavaba en aguas vivas su cuerpo concretaba esa experiencia de dejar atrás el viejo hombre. El mismo sabía que ese estatus debía conservarlo y si por algo se impurificaba, volver al estado de pureza en oración y baño en aguas vivas. Si solo lo hacía de palabra, sin la obra de lavarse, terminaría repitiendo el mismo error y volvería a su tzara'at.
Si queremos ser aceptados ante el Señor para estar ante el trono de su gracia se requiere de la pureza de nosotros: despegarnos de esas actitudes, costumbre e incluso relaciones que nos impurifican. Una cosa es que en mi trabajo pueda llevarme bien con todos y otra es que sus comentarios de mal gusto, sus palabras soeces me sean agradables y participe de ello. La santidad requiere de límites y nosotros debemos sujetarnos a esos límites. Por más principiante en la escritura, por más debil que sea, por más ignorante, siempre hay una posibilidad para que la persona se purifique delante del Eterno. Debemos limpiar con agua y con fuego nuestro ser (agua y Espíritu Santo). Debemos recurrir a la Torah del Señor, a su instrucción para poder aprender los límites en los que la santidad nos enmarca y seguirlos. De lo contrario seguiremos siendo metzorot, seguiremos siendo gente con tzara'at que trata de entrar a la presencia del Señor a servirle. Ninguno enfermo de pecado y/o de impureza esta apto, momentaneamente, para servir al Señor. Y si deseamos darle lo mejor de nosotros, debemos buscar limpiarnos. Siempre el Señor da la oportunidad de hacerlo aún teniendo poca fuerza, poco conocimiento, pocas fuerzas. Solo se necesita un poco de interés y compromiso con el Eterno.
Comentarios
Publicar un comentario