Metzora' II (5782-5783)

 

14 “Después el sacerdote tomará parte de la sangre de la víctima por la culpa, y el sacerdote la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. 15 De la misma manera el sacerdote tomará el tercio de litro de aceite y echará parte de él en la palma de su mano izquierda. 16 Luego el sacerdote mojará un dedo de su mano derecha en el aceite que tiene en la palma de su mano izquierda, y rociará el aceite con su dedo siete veces delante del SEÑOR. 17 De lo que quede del aceite en su mano, el sacerdote pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, junto al lugar[a] donde está la sangre del sacrificio por la culpa. 18 Lo que quede del aceite que está en la mano del sacerdote, este lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica. Así el sacerdote hará expiación por él delante del SEÑOR.


Levítico 14:13-18 (RVA2015)

La santidad a la cual ahora pertenecemos, debemos cuidarla de seguir en ella, crecer en ella y mantenernos sin salir de ella. Recurramos siempre a la Torah del Señor para mantenernos en santidad y sanidad.


Uno que fue metzora' para por un proceso de purificación donde a grandes rasgos podemos ver que nace de nuevo. Recordando las palabras del Señor Yeshúa a Nicodemo, un hombre debe nacer de nuevo. Es decir, pasar un proceso como el de el que se purifica depués de tzara'at: es rociado con la sangre y el agua del ave, se rasura todo y se purifica en aguas vivas, y presenta su ofrenda. Toda la odisea de alejarse de su impureza, entregar su impureza al Señor y llegar al punto de las aguas vivias es como una labor de parto para la persona a una vida nueva, a un nuevo nacimiento.


Una de los momentos más importantes en la purificación es la sangre y el aceite en la oreja, y la mano y el pie del que deja atrás el tzara'at. Porque al igual que al sacerdote, es purificado y dedicado para el Señor y su servicio. Su oír, su hacer y su andar está cubierto con la sangre de la purificación. A su vez, está ungido por el aceite rociado ante el Señor. Esta figura es una de las más bellas en la Torah y toda la Escritura: el que estaba enfermo ahora es sano, ha nacido de nuevo y es dedicado en cuerpo y alma al Señor, es reincorporado a la congregación de los santos y vuelve no solo para seguir su vida normal como era antes, sino para andar en una vida nueva, santa y agradable al Dios vivo y verdadera.


Cuando vinimos a ser recibidos por el Señor Yeshúa, nosotros también fuimos sanados de nuestro tzara'at, el que nos excluía de la congregación de Israel. Pero en la sangre de la purificación de Yeshúa, y en el Espírtu Santo y en las aguas vivas de la purificación es que somos declarados limpios y reincorporados al pueblo. Y este es el punto más importante: No nos incorpora el Señor para seguir como eramos antes, para volver a la rutina, al mismo pensamiento, al mismo vestir y el mismo comer, para el mismo actuar. No nos incorpora a su pueblo para vivir como gentiles inmersos en idolatría e impurezas, para justificar nuestros razonamientos con la Palabra de Santidad del Señor, para ser sabios en nuestra propia opinión ni para tener una interpretación. Nos incorporar para vivir una vida que sea diferente totalmente, que no tengra rastros de parecerse a lo que era antes. Y esto no implica el dejar de decir groserías y ya no salir de juerga con los amigos solamente. Implica un cambio radical que de verdad impacte aún a los tibios del pueblo que no se han dado cuenta que van rumbo a enfermarse de tzara'at.


Haber sido purificados es la mejor cosa que nos pudo pasar. Y es por eso que dependemos de la Torah para permanecer en ese gozo el cual solo Yeshúa con su sangre nos podía hacer entrar.

Si ya hemos pasado por el nuevo nacimiento, si ya hemos disfrutado de la vida nueva en el Eterno, mantengámonos firmes y en pureza. Recordemos que la sanidad que hemos recibido debemos cuidarla. La santidad a la cual ahora pertenecemos, debemos cuidarla de seguir en ella, crecer en ella y mantenernos sin salir de ella. Recurramos siempre a la Torah del Señor para mantenernos en santidad y sanidad.


"Hoy estamos un día más Cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa/Jesús"


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