Ajarei mot V (5782-5783)
1El SEÑOR habló a Moisés diciendo: 2 “Habla a los hijos de Israel y diles que yo soy el SEÑOR, su Dios. 3 No harán como hacen en la tierra de Egipto, en la cual habitaron. Tampoco harán como hacen en la tierra de Canaán a la cual los llevo. No seguirán sus costumbres. 4 Pondrán por obra mis decretos y guardarán mis estatutos para andar en ellos. Yo soy el SEÑOR su Dios. 5 Por tanto, guardarán mis estatutos y mis decretos, los cuales el hombre que los cumpla, por ellos vivirá. Yo, el SEÑOR.
Levítico 18:1-5 (RVA2015)

Se pueblo del Señor es mostrarse ajeno ética, moral y espiritualmente hablando de lo que hace el resto de las naciones. Como Pueblo de Dios nosotros no "aprovechamos" las fechas y momentos para dar testimonio o predicar la salvación.
El Señor nos encomienda que vivamos en santidad y que no imitemos o importemos en nuestra vida y práctica nada de las costumbres de las naciones. Ellos actuan para sus dioses, sus excesos y su corrupción. Pero nosotros debemos actuar para el Señor Eterno y su propósito en nosotros.
El pueblo recibió una orden explícita de ello, para así guardar la santidad que el Señor nos ha dado. Nosotros como pueblo del Señor viviremos conforme a las reglas de santidad que el Eterno nos ha dado. Los límites son buenos para alcanzar la estatura que el Señor demanda de nosotros.
Sin embargo el pueblo el día de hoy ha olvidado que no debe llenarse de la inmundicia de esta sociedad, de este siglo. Parece que es más atractivo vivir como el resto de las naciones e imitar sus costumbres: comer lo mismo que ellos, celebrar sus mismas fechas paganas y sus mismos motivos idolátricos, hablar sus mismos temas y sonar como ellos, lucir como ellos sin resaltar del resto. De hecho hay quienes, "sabiamente" han diseñado estrategias de evangelismo para alcanzar a las naciones contextualizando el evangelio para esas personas. Básicamente es adaptar el mensaje del Señor a su estilo de vida, a sus costumbres, a sus vulgaridades, a su paganismo tratando de sacar gradualmente a la persona de su pecado. Pero, ¿Que persona va a salir de la inmundicia de las naciones si le están enseñando que puede obtener el perdón de sus pecado y seguir en su misma antigua vida? Solo trata de salir de tu condición, pero igual el Señor te ama... NADIE LO HARÁ.
A los nuevos en la fe y a los viejos se les han enseñado que pueden seguir siendo paganos como siempre pero ahora son perdonados. Solo deben traer en la boca el nombre de Jesús.
Cualquiera podría decir: "pues en ese caso todo lo dejo de hacer". Estas palabras llenas de enojo e insatisfacción tienen la meta de acorralar a cualquier persona que habla la verdad para hacerle ver que "estamos forzados" a hacer cosas paganas. Sin embargo no es así. Los vehículos siempre han existido, el trabajo es un mandamiento del Señor, tener una casa es una necesidad que el Señor suple, la tecnología es algo que usamos a diario para nuestras tareas, la vestimenta es algo que es parte del pueblo. Y esto no es justificar el punto. Debo de, a la luz de la Escritura, evaluar que es bueno y que es malo, que es de la naciones y que no. "Escudriñarlo TODO y retener lo bueno". Si el pueblo no tiene ese criterio, no sabe ser pueblo de Dios y está como los quejumbrosos del desierto: "añoran vovler a Egipto". Hay herramientas que pueden ser de ayuda para nuestro crecimiento en el Señor y otras que incentivan a nuestro viejo hombre a seguir vivo. Un solo instrumento puede ser usado de buena o de mala manera. Pretextos siempre hay.
Pablo dice que la Torah del Señor puede ser usada legítimamente y nos deja ver que también hay muchos que la usan ilegítimamente. El pueblo del Señor, hoy es la burla de las naciones porque habla de justicia y es injusta, habla de santidad y no practica ni vive ni sabe definir la santidad en su vida, habla de obediencia y rompe las reglas del Eterno, habla de amor y es la que más odio reparte y da a su alrededor. Es decir decide usar la Torah ilegítimamente. Todo esto como resultado de no vivir apartado de las costumbres de este mundo y más aún, acomodar de ellas lo que más le ha gustado para finalmente tener en sí mismo, en su corazón, un altar al Señor y a los demonios. Todo lo que el Señor ordena, es negociable según el teólogo lo diga o le convenga en interpretar.
Por eso hay muchos creyentes que practican abominación: desde rendir culto a ídolos con pretexto de hacer para el Señor, hasta hombres que tienen ayuntamiento con hombres. Y esto no es nuevo. El reino del norte, según 2 Reyes tuvo reyes que permitieron este tipo de cosas. Alejando al pueblo de Dios para adquirir costumbres que a sus ojos eran buenas.
Personas así, dice el Señor que no entrarán a su reposo. Y al pueblo parece darle igual.
Como pueblo del Señor nos es prohibido hacer lo mismo que hacen las naciones, nos es prohibido vivir en su misma inmundicia... pero esto no excenta que debemos dar testimonio. Como pueblo debemos saber ejercer sabiamente la palabra, la fe en Yeshúa y obedecer sus instrucciones. No podemos seguir imitando las costumbres de las naciones y "cristianizarlas" o "judaizarlas" para que puedan ser entregadas al Señor. Fuimos llamados a ser una nación única en la tierra. SEAMOS ESA NACIÓN ÚNICA. Obedecer la Torah nos hará únicos ante nuestros enemigos. Seamos congruentes con la salvación y la revelación que tenemos por parte del Señor y dejemos de practicar los pretextos que nos alejan de obedecer la Torah del Eterno. Si eres salvo por Yeshúa, tu eres parte de ese Israel que debe brillar por se diferente y no por estar ausente en tu responsabilidad. Quien no saber obedecer en lo más sencillo al Señor, guardando shabat, amando a Yeshúa, y dejando su ego, no sabe ser pueblo de Dios y está pronto a perderse para siempre.
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