Ajarei mot IV (5782-5783)
1El SEÑOR habló a Moisés diciendo: 2 “Habla a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel, y diles que esto es lo que ha mandado el SEÑOR diciendo: 3 ‘Cualquier hombre de la casa de Israel que dentro o fuera del campamento degüelle una vaca, un cordero o una cabra, 4 y no lo traiga a la entrada del tabernáculo de reunión para ofrecerlo como sacrificio al SEÑOR delante del tabernáculo del SEÑOR, ese hombre será considerado reo de sangre. Derramó sangre; ese hombre será excluido de entre su pueblo. 5 Esto es a fin de que los hijos de Israel traigan sus animales que sacrifican sobre el campo abierto, para que los traigan al SEÑOR a la entrada del tabernáculo de reunión, al sacerdote, y los sacrifiquen como sacrificios de paz al SEÑOR. 6 El sacerdote esparcirá la sangre sobre el altar del SEÑOR, a la entrada del tabernáculo de reunión, y hará arder el sebo como grato olor al SEÑOR. 7 Así nunca más ofrecerán sus sacrificios a los demonios, tras los cuales se han prostituido. Esto será para ellos un estatuto perpetuo a través de sus generaciones’.
Levítico 17:1-7 (RVA2015)

Las medidas que el Señor da en su Ley en muchos aspectos parecen restrictivas en extremo. Y la verdad es que son los suficientemente restrictivas como para evitarnos el caer en el pecado. El Señor, como un buen Padre, va a ponernos límites. Los límites son parte de la vida del pueblo de Dios. Ellos nos protegen de nuestras necedades y nuestro afán de excesos mientras luchamos por dejarlos. Sería muy difícil para nosotros vivir en santidad y a la vez tener la puerta abierta a seguir haciendo nuestros caprichos y dando rienda suelta a lo que nos gusta con respecto de la carne.
La humanidad solemos tener altares a nuestro ego o incluso a los demonios. El darnos licencias en cualquier sitaución, el interpretar la Escritura como nos place, ignorar los males y problemas de nuestro prójimo y nuestro pueblo, el egoísmo y la autosatisfacción a costa de los demás son ejemplos de altares. Luchamos por lograr esa meta sin importar cuanto sacrifiquemos.
La humanidad se inclina, por ahora, al pecado y la más antigua mentira: serán como dioses. Y es triste que el pueblo del Señor se incline a esto mismo. Más que aceptar los límites que el Señor establece, desea quitarse de encima ese yugo pesado, olvidando que el Señor Yeshúa dijo que su yugo es fácil y muy ligera es su carga. Cuando el pueblo se quita los límites del Señor de encima, está tomando otros: los de satanás. Esos parecen más amplios, flexibles y parece que reflejan la verdadera libertad. Sin embargo lo único que hace es desviarnos hasta el barranco para caer y morir.
La libertad no se trata de hacer lo que yo quiera, sino de hacer lo que es correcto y bueno y justo.
Como pueblo solemos citar a Pablo cuando dice: "Todo me es lícito, pero no todo me conviene...", y efectivamente se elige hacer todo lo que nos conviene y creemos que es bueno y no romperá los límites que el Señor nos puso. Sin embargo cuando Pablo dice esto, él tiene en mente un cerco: la Torah del Señor, su instrucción, su Ley. La Ley no es una maldición, es una bendición que nos ayuda a vernos a nosotros mismos y a ver los pasos del Señor Yeshúa el Mesías.
Todo me es lícito hacer, sin embargo y con base a los mandatos del Señor no todo es bueno por hacer. Debo hacer y dejar de hacer como el Señor dijo ya que me acerco a Él bajo sus términos y condiciones. Un Padre que no pone límites a sus hijos no los ama. Y espera el momento de deshacerse de ellos.
Los lineamientos del Señor, por más limitantes que querramos argumentar con astío, tienen la función de alejarnos de los demonios y de satanás, de no ver normal la vida de los gentiles (como hemos dicho, gentil es el que está alejado del Señor, ajeno a sus pactos y promesas, y que desea permanecer así) y de añorar la vida en santidad y estar juntos como pueblo. Si la Palabra del Señor no produce ese deseo de mantenerte en los límites de vida, entonces no estas listo para la Eternidad.
Como pueblo debemos dejar de lado nuestros gustos, esos altares a los demonios y monumentos a nuestro egocentrismo y buscar mantenernos firmes en los lineamientos del Señor. Debemos ejercitar la Libertad de manera correcta y digna, mostrando quien es el Señor que nos rescato. Finalmente, el Señor Yeshúa en su ministerio terrenal, no nos hizo la vida más holgada y satisfactoria, sino más limitante, nos constriño para saber amarlo y poder estar firmes.
Amemos los límites que el Señor nos puso, amemos su Ley de vida, la cual en Yeshúa tiene esa fuerza y ese sentido por el cual de verdad podamos vivir por ella.
Comentarios
Publicar un comentario