Ajarei mot III (5782-5783)

 

32 “El sacerdote que haya sido ungido, y que haya sido investido para ejercer el sacerdocio en lugar de su padre, hará la expiación. Se vestirá las vestiduras de lino, las vestiduras sagradas, 33 y hará expiación por el santo santuario y por el tabernáculo de reunión. Hará expiación por el altar y por los sacerdotes. También hará expiación por todo el pueblo de la congregación. 34 Esto tendrán por estatuto perpetuo, para hacer expiación por los hijos de Israel por todos sus pecados, una vez al año”.


Levítico 16:32-34 (RVA2015)

La Ley del Señor es menospreciada y usada de manera ilegítima por aquellos que deberían blandirla con poder y justicia.


Muchas veces se habla del Señor Yeshúa como el sumo sacerdote del pueblo del Señor. Pero el pueblo hoy no tiene mucha idea de lo que desempeña el Señor realmente. Si vemos la labor de los sacerdotes, podremos ver que es lo que hace el Señor. Uno de los trabajos más importantes es expiar nuestros pecados y alejarlos de delante del Padre.

Cuando el Salmo 103:12 nos dice que hace alejar nuestro pecado de delante de Él, así como el occidente está lejos del oriente, no es más que una figura de la labor sacerdotal del Señor Yeshúa. El envía lejos nuestro pecado para que no sea una afrenta constante delante del Padre, así como se enviaba el macho cabrío con la suerte de azazel.


Delante del Señor siempre hay un servicio como el de Kippur (descrito en esta sección de Levítico). Presentando la sangre del cordero que quita el pecado del mundo, purificando a su pueblo y alejando el pecado de delante del Padre.

La labor del Señor no es ligera es ardua con tal de que la misericordia del Señor sea nueva en cada mañana.

Y ¿qué hace el pueblo en retribución? Tristemente sigue pecando como antes. No se purifica por su lado como el Señor lo ordena que se haga y parece que se empeña en que el pecado regrese del oriente y del occidente ante la presencia del Padre.


La falta de obediencia y la comodidad de hacer lo que creemos que es bueno produce esto. La sangre del Señor es pisoteada por el pueblo con la gracia por pretexto. La santidad es un proceso que no se camina y se le teme como si fuera un mounstro de muchas cabezas que no queremos despertar. La perfección es un proceso que no queremos sufrir al cumplir con la sana doctrina. El pueblo parece que se empeña en llegar cada vez más en peor estado ante el trono del Padre. "Finalmente "- dicen muchos -" la gracia me cubre y puedo hacer lo que yo quiera y puedo vivir como yo quiera". El Gran y Sumo sacerdote, Yeshúa es menospreciado y desoído por su pueblo. Es más fácil entregarse a sus descarrios. La Labor del Señor es titánica y el pueblo la tiene en poco. El Señor no te rescató para que vivieras tus sueños o tus aspiraciones, sino para vivir en santidad.

El pueblo por eso no alcanza a nadie y ya no impacta a esta sociedad: porque está más ocupada en sus metas personales y muy ocupado con sus propias interpretaciones para justificar el vómito en el que se mueve, y menos en laobediencia pura y correcta de la Torah del Señor.

La Ley del Señor es menospreciada y usada de manera ilegítima por aquellos que deberían blandirla con poder y justicia.


¿Amas al Señor Yeshúa/Jesús? ¿Realmente amas lo que hizo por tí? ¿Realmente quieres honrar su obra en la cruz del calvario? Entonces dejemos de menospreciar su obra de sacerdocio santísimo y escuchemos lo que nos dice en su Torah. Alejemonos del pecado, de la necedad, de la soberbia... pero sobre todo, dejemos de negarnos a obedecer su palabra tal cual la dio. Puedes hacer muchas cosas con tu vida, pero si no hay ese amor que te lleva a obedecer su Torah como es correcto y debido, serás un fierro golpeado: sueña mucho, pero no hay más que eso.


Es hora de que honres la obra del Señor Yeshúa con obediencia a su Torah y esforzandonos en alcanzar esa santidad que nos describe: la del varón perfecto Yeshúa el Señor.


"Hoy estamos un día más cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa/Jesús"


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