Vayikra' II (5782-5783)
14 Si la ofrenda para Jehová fuere holocausto de aves, presentará su ofrenda de tórtolas, o de palominos. 15 Y el sacerdote la ofrecerá sobre el altar, y le quitará la cabeza, y hará que arda en el altar; y su sangre será exprimida sobre la pared del altar. 16 Y le quitará el buche y las plumas, lo cual echará junto al altar, hacia el oriente, en el lugar de las cenizas. 17 Y la henderá por sus alas, pero no la dividirá en dos; y el sacerdote la hará arder sobre el altar, sobre la leña que estará en el fuego; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.
Levítico 1:14-17 (RVA2015)

Con la cabeza agachada y los ojos algo rojos a punto de las lágrimas alguien pregunta una vez: "¿crees que Dios quiera perdonarme?". Su apariencia era como la del cielo lluvioso: apagada y como desolada. Su mirada se perdió por un instante en una taza de café a medio vaciar. Parecía padecer verngüenza, miedo e incredulidad. -"es que lo que hice es demasiado horrible"- al fin dice después de dejar escapar un suspiro.
Unos días después, está en su misma rutina, en su mismo parecer. Haciendo las mismas cosas que le tenían cabisbajo. ¿Por qué parece que es incredula la gente respecto a que el SEÑOR les puede personar? Será que el SEÑOR es muy inalcanzable o que no quieren arrepentirse del todo.
Que el Señor es inalcanzable, es una realidad. Por méritos humanos no hay forma de alcanzarlo. Sin embargo Él nos da un modo de poder lograrlo. La ofrenda de los palominos es la ofrenda del pobre: es costosa pero accesible para él, es presentada en olor grato al ETERNO y sobre todo, les ayuda a acercarse al SEÑOR. Es maravilloso que mientras que por los medios humanos no es posible acercarse y lograr el perdón, el SEÑOR nos entrega medios divinos accesibles al hombre para lograr este acercamiento. Esto nos enseña que la Torah es un medio divino para mantenernos cerca de Él puesto que el acercamiento ya se dio con nuestro korban/Ofrenda.
El Señor es inalcanzable pero nos da los medios para alcanzarlo, para gozar su gracia y misericordia, para aprender lo que es vivir de acuerdo a su justicia y para fortalecernos y mantenernos firmes para el día y la hora de la prueba. Pero en todo esto tan maravilloso hay un factor que el SEÑOR nos deja a nosotros: la voluntad de arrepentirse y hacer todo lo que Él dice.
Este proceso es uno doloroso para muchos ya que requiere el abandonar todo aquello que el SEÑOR estipula que lo ofende y hacer todo aquello que Él define como bueno. Es pocas palabras, abandonar las costumbres gentiles. ¿Cómo hacer eso si vivimos inmersos en una sociedad absolutamente gentil? Muchos al plantearse esto piensan que es imposible. Es mejor aprender a equilibrar entre la vida gentil y la vida de Israel, pueblo de Dios.
Como resultado de este pensamiento hay gente que sí, efectivamente se lamenta de haber pecado y anhela el perdón del Señor, pero al verse frágil y luchando solo sigue en las mismas costumbres esperando que el SEÑOR le tenga un poco de lástima. No ha podido darse cuenta que la misericordia del SEÑOR y su gracia son amplias como para que pueda cambiar.
¿Qué más muestra de amor quiere que la explicada en este tipo de ofrenda? Solo se necesita la voluntad de la persona no solo de ofrecer, sino de cambiar su rumbo ante el ETERNO. Cambiar su mente y corazón y batallarle un poco por causa del nombre del SEÑOR.
Pero el pueblo de hoy ha aprendido de una mala enseñanza a que el SEÑOR te tiene que mover. Para las promesas si hay una participación activa, pero para obedecer se es un bulto de carne el cual por una influencia o "energía cosmica" de pronto se moverá a ser un buen predicador o misionero o siervo del Señor. Ser hijo del SEÑOR implica esfuerzo, superar retos, vencer enemigos y buscar el rostro del SEÑOR y más cuando el arrepentimiento es necesario. Cambiar de actitud porque, ¿de que sirve tener la oportunidad de ofrecer una ofrenda para saldar mi deuda con el SEÑOR si después de eso seguiré acumulando deuda tras deuda de la misma o peor manera?
Si el arrepentimiento no se concreta en acciones y mente nueva, la persona viene a ser como un metal que es golpeado: resuena fuerte, hace mucho escándalo pero al final sigue siendo un triste metal poco reluciente y ahora abollado. Si no hay amor para con el ETERNO, no hay cambio de obras muertas a obras de justicia que el SEÑOR señala en su Torah, entonces no hay un verdadero arrepentimiento.
El pueblo debemos de dejar esa forma tan misera de ser: autocompación y flagelación emocional para ver si eso nos hace merecedores del perdón y la segunda oportunidad. Mientras estés dispuesto a cambiar y obedecer al SEÑOR el perdón te será concedido. Y mientras quieras el perdón pero no cambiar tu comportamiento y tu desobediencia no lo vas a recibir.
¡Que el pueblo quiera dejar esa dañina forma de ser y realmente cambie por amor del SEÑOR que le rescató!
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