Tzav VI (5782-5783)

 

22 Después hizo que acercaran el otro carnero, el carnero de la investidura. Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del carnero, 23 y Moisés lo degolló. Luego tomó parte de su sangre y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha y sobre el dedo pulgar de su pie derecho.
24 
Hizo que se acercaran los hijos de Aarón y puso parte de la sangre sobre el lóbulo de su oreja derecha, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho. Luego derramó el resto de la sangre por encima y alrededor del altar.


Levítico 8:22-24 (RVA2015)

Un sacerdote del Señor, en esta nación de sacerdotes, es aquel que no solo conoce, se empeña en vivir a costa de todo en agrado para con el Eterno. Esto es el verdadero Amor para con Yeshúa: esforzarse en lograr cumplir como Él lo mandó.


La investidura del sacerdote tiene varios elementos a considerar que hablan de su dedicación al Eterno. El más significativo es el momento donde se les pone sangre en la oreja y en los dedos de manos y pies. Este acto nos muestra que sus sentidos, sus actos y sus caminos están cubiertos por la sangre que los dedica al altar y al servicio del Eterno.

La sangre de Mashiaj los estaba cubriendo, por lo tanto y bajo esa dirección, sus sentidos, su actuar y su andar debe estar alineado a la voluntad del Eterno. Ya no viven más para ellos, pues el Eterno los ha ungido y vive en ellos.

Todos los eventos que vemos después son las consecuencias de hacer lo que consideran correcto (la muerte de Nadab y Abiú) y las consecuencias de hacer lo correcto (según lo que el Eterno determina como bueno).


Toda la nación de Israel, seamos de sangre de Abraham o por la adopción a través de Mashiaj, debemos tener en cuenta este proceso ritual porque es exactamente el proceso que pasamos al venir a los pies del Señor. Nuestro oído debe estar inclinado al Eterno. Y no es un pase mágico donde soy salvo y automáticamente ya mi oído está inclinado al Señor. Se que ahora mi oído está limpio para escuchar al Eterno. Debo trabajar disciplinando mi oído para escuchar al Señor y a nadie más.

Mis manos están y mis pies, debo disciplinarme a hacer obras de justicia, obras de la Torah que hablen de mi fe en Mashiaj y que mis pasos estén dentro de la senda antigua, el camino angosto. Nadie lo va a hacer por mi. Mi responsabilidad es que yo haga como Mashiaj me lo ordenó. Lo único que hizo Mashiaj es pagar mi deuda que yo no podía. Pero el esfuerzo de mantenerme en santidad, la santidad en la cual me introdujeron, es mío.

Muchas personas enseñan la gracia como un estado donde no tengo que hacer nada. Solo basta con pararme, sonreir al publico y saludarlo. Pero la gracia conlleva trabajo: mi trabajo que es esforzarme por realizar las obras que mi Maestro me enseñó. Ser creyente es una lucha, es una labor que cansa, que desgasta nuestro ser puesto que la carne tiene que concretar, conectar lo que en el espíritu ya sucedió. Y duele porque es sujetar al cuerpo a la voluntad del Eterno, cuando el cuerpo quiere saciar su propio deseo y sus propios sueños.

Ser creyente es fácil si la persona se sujeta a los mandamientos del Eterno. Ser creyente es dificilísimo cuando no hay deseo de seguir la senda marcada y solo se trata de inferir actitudes de la doctrina romana del miedo.


Si queremos desarrollar nuestra labor como sacerdotes del Eterno, sacerdotes de orden común, pero al final sacerdotes, si queremos ser mediadores de las naciones para con Yeshúa, si queremos ser esos embajadores, debemos aprender a sujetar nuestros oídos, nuestras sensaciones, acciones y pasos en la Torah del Señor, que es la buena voluntad de Él. Si no imitamos a Yeshúa en ese aspecto no nos estamos vistiendo el ropaje del sacerdocio santo, sino los arapos de la rebeldía. Tus emociones domínalas con la palabra del Eterno, con su Torah. Tus acciones deben ser obras de justicia, obras de la Torah que muestren que tu fe no está muerta. Tus pasos deben ser los de Mashiaj, los que Él camino en esa senda de la antigüedad que el mismo marcó para nosotros, para llegar a realizar esas buenas obras.


Un sacerdote del Señor, en esta nación de sacerdotes, es aquel que no solo conoce, se empeña en vivir a costa de todo en agrado para con el Eterno. Esto es el verdadero Amor para con Yeshúa: esforzarse en lograr cumplir como Él lo mandó.


"Hoy estamos un día más cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa/Jesús"