Tzav II (5782-5783)
28 “El utensilio de barro en que sea cocida será roto. Si es cocida en utensilio de metal, este será frotado y lavado con agua. 29 Todo varón de entre los sacerdotes la podrá comer. Es cosa muy sagrada. 30 Pero no se comerá de ninguna víctima por el pecado, cuya sangre se haya introducido en el tabernáculo de reunión para hacer expiación en el santuario; será quemada al fuego.
Levítico 6:24-29 (RVA2015)

Las ofrendas del altarr de bronce son muy enigmáticas. Pero como ya lo hemos dicho antes, estas nos hablan de la obra del Señor Yeshúa, puesto que son una sombra de su obra. Cada una nos explica un aspecto de Él. La ofrenda por el pecado es una de las más simbólicas puesto que toda persona quiere el perdón de los pecados. Que no sea encontrada falta alguna en la persona. Es interesante ver que todo lo que toque su carne (la ofrenda jata'at o asham) se vuelve santo. Esa ofrenda está puesta para santificar a la persona. Esto es: una vez que la persona se arrepiente de su falta, de su pecado, de su infringir la Ley del Señor y abandona esta obstinada forma de ser, entonces el Eterno le da el perdón y la aparta como santa a la persona.
Esta primera parte es la más agradable para todo el pueblo: "El Señor me ha hecho santo". Sin embargo el asunto no se queda allí. La ofrenda de sangre solo terminaba de concretar una realidad espiritual en lo físico: la realidad del perdón por parte del Eterno. La santidad es un proceso que el Eterno inicia, pero una vez iniciado, nos encomienda permanecer así. Esto significa que debemos obedecer si queremos mantenernos en el estado de santo que adquirimos al ser concedido su perdón. Esta es la parte no tan agradable para el pueblo ya que representa mucho esfuerzo, mucha obediencia y un abandono total, inclusive, de lo que más nos gusta o amamos o sencillamente de lo que estamos acostumbrados.
En aras de la libertad, queremos hacer lo que nos place. No abandonando a lo que estamos acostumbrados, sino poniendole más empeño y lo queremos "santificar" en nombre del Señor. Pero aún los enseres de barro son rotos y los de metal refregados y lavados con agua. Es decir, los recipientes tienen un uso santo y solo para ello pueden ser utilizados. Nuestra vida es igual una vez que hemos llegado al Eterno por medio de Yeshúa: solo podemos ser santos para Él.
Pero las mentiras del dios de este siglo han impregnado la mente del pueblo también. Esto, de tal forma que se atreve el pueblo a decir: "a mi nadie me prohibe nada" y "orgullosamente gentil". Lo cuál es alarmante: Porque no se han dado cuenta que van caminando por una amplia calzada de engaño.
Si hemos presentado nuestra ofrenda por el pecado (Yeshúa el Mesías), debemos entonces vivir como Él lo indicó, en santidad, separados del engaño de Bilam/Balam y cercanos a la Torah del Eterno. Debemos dejar de despreciar la ofrenda por el pecado y dejar de pisotear su sangre. Porque todo aquel que diciendo que Yeshúa le ha salvado pero sigue haciendo las mismas cosas, sigue con sus mismas prácticas, sigue con su mismo caracter y egoísmo, vanalidad y soberbia, su misma falta de perdón y su mascarada de "espiritualidad" negando la eficacia de la Torah del Señor lo único que está haciendo es pisotear la sangre del Cordero y alejarse del redil. Una persona así, con el tiempo y sin atender pronto a ese descuida está próximo a abandonar su fe.
Nuestra ofrenda por el pecado ya fue entregada. Si ya has sido declarado santo por el Señor, mantente santo en obediencia y purificación de tu carne para poder estar listo y presentar resistencia en la hora de la prueba. Si no lo haces así, el enemigo te va da despedazar.