Tzav I (5782-5783)
8 El SEÑOR habló a Moisés diciendo: 9 “Manda a Aarón y a sus hijos diciéndoles que estas son las instrucciones para el holocausto: El holocausto se quemará sobre el altar toda la noche, hasta la mañana; y el fuego del altar arderá en él. 10 El sacerdote se pondrá su vestimenta de lino y vestirá pantalones de lino sobre su cuerpo. Cuando el fuego haya consumido el holocausto, él apartará las cenizas de encima del altar y las pondrá a un lado del altar. 11 Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras vestiduras para llevar las cenizas fuera del campamento, a un lugar purificado. 12 El fuego encendido sobre el altar no será apagado. El sacerdote hará arder leña en él cada mañana. Acomodará sobre el altar el holocausto y quemará sobre él el sebo de los sacrificios de paz. 13 El fuego ha de arder permanentemente en el altar; no se apagará.
Levítico 6:8-13 (RVA2015)

Desde el capítulo 1 hasta el 6:7, el Señor ha detallado todo lo respeto a como presentar las ofrendas delante del Señor. Al iniciar esta nueva sección de Levítico, el Señor le da indicaciones a los sacerdotes sobre la forma de presentar las ofrendas y algunas labores del altar. Entre ellas, la limpieza del altar de bronce y la orden de mantener el fuego del altar encedido.
Las cenizas del altar deben de ponerse en un lugar limpio o puro, puesto que es lo consumido por las ofrendas que fueron apartadas santas para el Eterno. Esto para que las siguientes ofrendas se sigan quemando y la ceniza no apague el fuego. En el servicio del altar un elemento importante es: el fuego. El fuego no se debe apaga, de lo contrario esto indica que el pueblo se ha olvidado del Eterno y de su pacto con Él. En ocasiones el fuego del altar se apago cuando el pueblo se entregó a la idolatría y cuando abandonó la Torah del Eterno. Cuando el fuego del altar se apagó, Israel fue entregado a sus enemigos, fue exiliado de la tierra y el templo fue destruido. El fuego del altar representa la devocion del pueblo al Eterno de presentar sus er en ofrenda encedida. Y aunque el Eterno les dio esa llama cuando se aperturó el servicio del altar, el pueblo tenía la responsabilidad de mantenerlo encendido. El Eterno los introdujo en la gracia y el pueblo mantiene viva la devoción dentro de esa gracia.
Hoy no tenemos templo de Jerusalen. Hoy no tenemos altar de bronce. Sin embargo, shaliaj Shaul (Apostol Saulo o Pablo para los amigos) nos enseña en una profunda interpretación que somos el templo del Señor. Eso quiere decir que en nosotros debe seguir quemando el fuego de la devoción por el Eterno. En nuestro altar, debe seguir ardiendo ese fuego. Y para ello debemos alimentar el fuego que el Señor encendió una vez en nosotros. ¿Cómo lo vamos a mantener ese fuego ardiendo? Con la Torah del Eterno. Al seguir leyendo y llenándonos de su enseñanza, alimentamos nuestro amor por Él y el fuego de nuestro altar se inflama. El Espíritu Santo del Señor nos mostrará más y más cosas profundas que hará que el fuego arda tanto que consuma nuestro ser, nuestro viejo Yo, para dar paso a un yo renovado y sujeto al Eterno.
Esto es crítico para el pueblo hoy. Ya que el pueblo no busca la voluntad del Señor, sino su propia voluntad "justificandola" con la palabra del Señor, esto muestra que el fuego del altar personal está por extinguirse. Cuando el pecado impera en la persona, la autosatisfacción, el perseguir los sueños que nunca se entregaron al Señor (esto implica incluso renunciar a ellos), cuando el caracter de la persona con el paso de los años no se vuelve el del Señor Yeshúa sino se torna más difícil e insoportable, cuando la honra a los padres está condicionada a la medida de su ayuda, ... esos altares tiene un fuego que está a punto de extinguirse. ¿Qué sucede cuando se apague? Esa persona se entregará a la idolatría y a sus propias opiniones para siempre.
El pueblo de hoy padece de esa enfermedad, la que está apagando el fuego de los altares de cada persona. Por eso las congregaciones se volvieron un club social, donde los pop artists solo van cuando les toca cantar, donde las personas más que aprender de la escritura van a despedazar al siervo del Señor, donde los siervos son maltradados y los asalariados se sirven con la cuchara grande de la vida de las ovejas. Las congregaciones se vuelven circos, donde el payaso que más grita es el que gana los aplausos. Las congregaciones se volvieron buffetes, donde tristemente los maestros de Biblia preparan comidas insípidas y donde los "comensales", es decir, los congregantes toman lo que quieren porque les gusta y conviene a su paladar. El espectáculo ya no es el que presenta el mundo en la televisión, sino el que cada domingo las iglesias presentan a las naciones. Todo porque el pueblo del Eterno no se ha ocupado de limpiar el altar y mantener el fuego encendido.
Nos fue dado Espíritu de Poder, Amor y Dominio Propio para mantener el altar ardiendo, consumiendo cada instante nuestro ser como ofrenda de olor grato al Eterno. Es momento de que el pueblo abra los ojos y mire a si mismo. Que renuncie a sus deseos superfluos y se comprometa con el Eterno y su Torah, que se comprometa con Mashiaj Yeshúa y la Torah de su Padre que Él mismo enseñó y vivió.
Si realmente quieres ser nación de sacerdotes, entonces cumple tu deber y manten el fuego del altar encendido y que tu vida sea una ofrenda de olor grato. Vuelve a la Torah del Señor, no a la de los hombres, no a las leyes de denominaciones, sino a la Torah divina que fue dada en el Sinaí.