Tazria V (5782-5783)

 

29 “Cuando a un hombre o a una mujer le salga una llaga en la cabeza o en la barba, 30 el sacerdote examinará la llaga. Y he aquí que si parece estar más hundida que la piel y el pelo en ella es amarillento y delgado, entonces el sacerdote lo declarará impuro. Es tiña o lepra de la cabeza o de la barba. 31 Pero si el sacerdote examina la llaga de tiña, y he aquí que no parece estar más hundida que la piel ni hay en ella pelo amarillento[a], el sacerdote aislará al enfermo de tiña durante siete días. 32 Al séptimo día el sacerdote examinará la llaga. Y he aquí que si la tiña no parece haberse extendido ni hay en ella pelo amarillento, ni tampoco parece la llaga más hundida que la piel, 33 entonces se afeitará, excepto en el lugar de la tiña. Luego el sacerdote lo aislará durante otros siete días. 34 Al séptimo día el sacerdote examinará la tiña. Y he aquí que si la tiña no se ha extendido en la piel ni parece estar más hundida que esta, el sacerdote lo declarará puro. Él lavará su ropa y quedará puro.
35 
“Pero si la tiña se ha extendido en la piel después de su purificación, 36 el sacerdote lo examinará. Y he aquí que si la tiña se ha extendido en la piel, no busque el sacerdote el pelo amarillento. Es impuro. 37 Pero si le parece que la tiña está detenida y que ha crecido en ella pelo negro, la tiña está sanada. Él es puro, y el sacerdote lo declarará puro.


Levítico 13:29-37 (RVA2015)

Una mente necia a entender al Señor es una mente que se ha dejado impurificar por la mentira más antigua del mundo.


Cuando el tzara'at se manifiesta en la persona no lo hace al azar. Cuando se manifiesta tiene la intensión de mostrarle a la persona el área de su vida que ha sido impurificada y dónde el pecado se está recrudeciendo. Esta porción de la Torah (Instrucción) refiere al tzara'at cuando da en la cabeza o en la barba. Estos puntos son importantes de considerar.

El Señor le da aviso a la persona de que su pensar, su mente se ha extraviado a impurezas. En otras palabras, se ha dejado llevar por su propio razonamiento.

"Engañoso es el corazón, más que todas las cosas..." Y más cuando la persona en vez de llenar su corazón o su mente de la Escritura, la termina llenando con inferencias y enseñanzas teológicas sin contexto en la Escritura. El corazón se devía a cuestionar la Palabra del Señor y cotejarla con la actitud de las personas y obedecer de ella lo que concuerda con esto último. Parece que la opinión de la persona es la que cuenta más que la autoridad de la Escritura.


El día de hoy la Escritura se enseña, más que para guiar a la persona a hacer lo que el Señor ordena y manda como justo, se le enseña la palabra como el medio para justificar sus emociones y como defenderlas y permanecer en los propios razonamientos. La Escritura es risible para el mundo porque aquello que el creyente critica y denuncia como incorrecto es lo que tristemente hace.

Muchos creyentes se han perdido en argumenta a favor del amor para justificar el que se volcaron a la homosexualidad o infidelidad, por ejemplo. Muchos otros argumentan a la misericordia para justificar su apatía por obedecer la Escritura.

Más aún, la gracia ha sido un pretexto para que el pueblo no abandone la vida gentil que llevaban antes de Mashiaj (Mesías). El mundo no ve diferencia porque el pueblo no le muestra una diferencia relevante o significativa. Seguimos inmersos en la misma suciedad y las mismas prácticas con la diferencia de que se menciona a Dios y se deja de decir un par de groserías.


Una mente necia a entender al Señor es una mente que se ha dejado impurificar por la mentira más antigua del mundo: "seréis como dioses pudiendo elegir que obedecer y que no, porque ustedes decidiran que es bueno y que no". Así es como los creyentes han vivido luchando por defender que su parecer es lo que a Dios le agrada. Sin reflexionarlo, caemos en la misma mentira y caminamos el mismo rumbo que Eva caminó. Lo más grave es que a Eva la engañaron, pero nosotros lo hacemos con conocimiento de causa. El profeta refiere a podrida llaga desde la cabeza, desde el centro de razón, desde donde radica la voluntad. El creyente se enferma no porque es normal, sino que voluntariamente decide creer lo que le place. Romanos 1 es donde Pablo nos ilustra lo que sucede cuando una persona se envanece en su opinión: termina deshonrando incluso su propio cuerpo.


El metzora' (el que padece el tzara'at) permanecía 7 días recluso con el fin de llevarle a la introspección y cambiara su rumbo. 7 días similar al sacerdote, para ponerse a cuentas, volver sus ojos al Cielo y pedir el perdón.

"¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti." (Salmo 119:9-11). El padecimiento de impureza y falta de fe se ve manifiesto hoy más que nunca en una generación que más que venir a la Escritura para aprender el camino correcto, solo quiere tomar de ella lo que quiere usando la gracia para justificar su falta de obediencia. Los argumentos de otros autores y las cartas de otros obispos tienen más pesos que la misma Escritura.


Es hora de abandonar todos esos razonamientos vanos basados en mis visceras y en mi propia opinion (Prov. 3:7-8), es hora de darle el primer lugar a la Escritura, a la Torah del Señor y comenzar a caminar por el sendero que realmente nos va a llevar a la Eternidad. Que la enfermedad de este siglo no nos contagie y nos impurifique.


"Hoy estamos un día más cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa/Jesús"


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