Tazria II (5782-5783)
Al séptimo día lo examinará de nuevo. Y he aquí que si la llaga aparece descolorida y no se ha extendido, el sacerdote lo declarará puro; solo era una erupción. El enfermo lavará su ropa y quedará puro.
“Pero si la erupción se ha extendido notablemente por la piel, después que él se haya mostrado al sacerdote para su purificación, se presentará otra vez ante el sacerdote. El sacerdote lo examinará, y he aquí que si la erupción se ha extendido en la piel, él lo declarará impuro; es lepra. “Cuando alguien tenga llaga de lepra, será traído al sacerdote. Él lo examinará; y he aquí que si aparece una hinchazón blanca en la piel que ha hecho que el pelo se vuelva blanco y ha hecho aparecer la carne viva, es lepra crónica en la piel de su cuerpo. El sacerdote lo declarará impuro; no lo aislará, porque ya es impuro.
Levítico 13:6-11 (RVA2015)

Una de las enfermedades más extrañas que nos narra la escritura es el Tzara'at/Lepra bíblica. Le llamaremos por su nombre en hebreo ya que la lepra común no se le compara. No hay evidencia que sea igual según la narración bíblica y algo más impresionante: No es algo que el hombre con la ciencia pueda curar. El tzara'at no es tratable por ningún antibiótico o fármaco moderno.
Esto suena a una enfermedad que parece podría acabar con la persona y con la humanidad si no tiene cura por medios científicos. Esto es así porque ésta enfermedad es de tratamiento espiritual. No hay médico ni farmacobiólogos, ni artículos o patentes competentes en tratar esta dura enfermedad. Solo la intervensión divina puede curar, por lo cual su origen es espiritual.
Siguiendo la línea del capítulo anterior, la persona que no guarda su pureza y su santidad voluntariamente es la que se enferma de tzara'at. Es decir, aquel que convive con la impureza, se acostumbra a ella y deja que el pecado poco a poco se vuelva parte de él(la) de tal forma que incluso lo defiende y lo justifica en lo más mínimo, esa persona es la que se enferma de tzara'at. En los escritos de los sabios de Israel se menciona que la calumnia o el hablar mal de alguien, el chisme (lashon hara') es la causante de esta enfermedad. La soberbia es la raíz de la calumnia.
Sabemos que la soberbia es la que causa todos los males que aquejan al hombre y es la que le trae todas las desgracias. Por soberbia no se detienen las guerras, por soberbia no se detiene el que abusa del poder. Por soberbia no se detiene el que abusa de una mujer y la viola. Por soberbia es que una mujer destroza mental y emocionalmente a un hombre que le muestra amor incondicional. Por soberbia los hijos maldicen a sus padres y no les honran. Por soberbia los padres hacen a sus hijos unos inservibles y mediocres, incapaces de tomar sus propias decisiones. Por soberbia una persona peca y justifica: mi cuerpo, mi vida. Por soberbia una persona se asocia con el gentil más que con el pueblo del Señor. Por soberbia, el pueblo del Señor parece más un club o un partido político. Por soberbia, el servicio al Eterno es más un circo de 3 pistas.
Por causa de la necedad, del pecado de abrir la boca contra el prójimo es que la persona se enfermaba de tzara'at. El Señor le mostraba que delante de Él, el pecado hace ver a la persona como un muerto. Una llaga podrída de pies a cabeza. El pecado deforma nuestra dignidad, la justicia, deforma nuestra naturaleza en el Eterno.
¿Qué pasa cuando el pecado no se confiesa? La persona se enferma. Hoy a causa de que no está el templo (la primera vez que vemos el tzara'at hay tabernáculo pero al ser detruido el templo ya no hay registro de esta enfermedad) esta enfermedad no se manifiesta físicamente. Pero no quiere decir que el pueblo no la padece. Hoy los síntomas parecen: apatía a la Torah, apatía a obedecer completamente al Señor Yeshúa (siempre es lo que conviene a la persona o a la denominación), no quieren pertenecer a ninguna congregación porque todas están mal, pero tampoco quieren hacer su parte para incentivar la restauración.
Y parece que el pueblo vive feliz con sus síntomas. Es una congregación moribunda que le gusta estar enferma porque hace lo que quiere y espera que todos la mimen y la apapachen y le digan que lo que hace está bien. Pero al metzora'(el que padece el tzara'at) por orden del Señor es alejado del pueblo. Para que no impurifique a nadie y para que el mismo reflexione y desee dejar ese estado. Pero ¿Qué enfermo dejará su enfermedad si le han enseñado que eso es lo normal y lo mejor? No es normal estar enfermo.
El día de hoy, el mundo está lleno de muchas impurezas. Pero es más grave que el creyente se deje enfermar. Si aplicó los protocolos para prevenir el COVID, pero no para evitar la enfermedad más mortal de todas: el pecado. Debemos despertar como pueblo, volver a la senda antigua, al mandamiento viejo que fue renovado en la sangre de Yeshúa el Mesías y no permitir que esta enfermedad se apodere de nuestra carne, de nuestros huesos.
Volvamos al camino del Sinaí, volvamos los pasos en pos de las huellas dejadas por el Señor Yeshúa y todos sus siervos los profetas y los apóstoles y vivamos como un pueblo sano de la necedad, y no como uno moribundo, cuyo aspecto es como dijo el profeta: "una llaga pútrida (y hedionda) de pies a cabeza"
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