Shemini III (5782-5783)

 

Entonces el SEÑOR habló a Aarón diciendo:
—Ni tú ni tus hijos contigo beberán vino ni licor, cuando tengan que entrar en el tabernáculo de reunión, para que no mueran. Esto será un estatuto perpetuo a través de sus generaciones, 10 para hacer diferencia entre lo santo y lo profano, entre lo impuro y lo puro, 11 y para enseñar a los hijos de Israel todas las leyes que el SEÑOR les ha dicho por medio de Moisés.


Levítico 10:8-11 (RVA2015)

No dejemos que el vino del furor de la ira nos llene, sino el vino de la vid verdadera. Que nuestros ojos no sean nublados por el engaño del enemigo, ese engaño disfrazado de verdad y autocompasión, sino llenemos nuestro ser de obediencia.


El servicio sacerdotal implica muchas responsabilidades. Vivir en santidad no es cuestión de perspectiva o de interpretación. Es cuestión de vivir como el Eterno lo indica y en ocasiones eso no es agradable. La santidad es fácil de adquirir si amas mucho al Eterno, a Mashiaj y estás dispuesto a abandonar todo y hacer lo que Él indica como correcto.


El Eterno le ordena a Aharon que no tome vino o licor cuando sea tiempo o turno de entrar en el servicio del tabernáculo. Por menos que sea, un poco de licor nubla el juicio de la persona. No solo el estado de inconsciencia. A veces solo se necesita una alegría extrema para que nuestro juicio se nuble y digamos o hagamos cosas que el Señor no pidió que hicieramos.


La santidad inicia con el dominio propio. No para aguantar mi coraje como tal, sino en sujetar mi ser al Eterno... y lo demás se da por añadido. El domino propio en la santidad implica sujetar aun mi percepción, mi punto de vista, mi pro-actividad a los parámetros de la Torah del Señor. No hay mayor muestra de sujeción a un padre que obedecer sus reglas aunque parezcan injustas.


Debemos embriagarnos de santidad y de obediencia. Pablo menciona que debemos "embriagarnos" del Espíritu Santo del Señor (Efesios 5:18). Al estar llenos de Él, sabremos hacer diferencia entre lo profano y lo santo. Aquel que está lleno del Espíritu Santo del Señor sabrá obedecer correctamente. Y aún si la Escritura le prohibe una cosa se va a abstener de ellas ya que le basta con saber que el Eterno lo dijo.


El corazón del pueblo en muchas ocasiones esta embriagado de sus propios deseos, sus propios razonamientos, sus propias interpretaciones o sus deseos de encontrar una interpretación que se ajuste a su práctica y gustos. Nos llenamos de odio, nos embriagamos de ego, de enojo, de indiferencia, de tristeza o de mucha alegría. Nos embriagamos de emociones que no están sujetas al Eterno. Es decir, no están reguladas por Él, sino que dejamos que las vísceras nos arrastren. Si el pueblo pretende entregar alabanza al Eterno en ese estado o presentar su cuerpo como ofrenda olah (ofrenda elevada, quemadaa de dedición) lo estará haciendo con fuego extraño y ese fuego producirá muerte en la persona porque la llevará a adorar al Eterno bajo sus propias reglas y pensamientos. En síntesis, a mezclar el altar del Eterno con el de los demonios (si no haces como el Eterno manda, haces como los demonios desean).


El fracaso del pueblo hoy es que se presenta delante del Señor con incensarios que arden con fuego extraño, esto es, elevando incienso con quemada bajo el fuego de interpretaciones erradas o con una obediencia deficiente solo porque "a mi me parece así, porque que exagerado limitarse de esa manera". Ese fuego nos conduce a muerte de poco en poco. Estar embriagados de nuestros deseos vanos y de nuestro propio parecer sencillamente nubla nuestro juicio. Por eso el pueblo hoy no puede entender la voluntad del Eterno y en lugar de un solo corazón y un solo propósito tenemos multiples opiniones o "posturas". Fuegos extraños encendidos por doquier con la intensión de ver cual de ellos es el agradable.


Dejemos de caminar a tientas, dejemos de llenar nuestro corazón y mentes con la sabiduría en nuestra propia opinión, dejemos de obedecer lo que nos conviene de la Torah del Señor y busquemos presentar nuestro incienso (oración) y nuestra ofrenda (nuestra vida) ardiendo sobre el fuego de la Torah y del Espíritu Santo, el cuál nos recuerda siempre todas esas cosas que Mashiaj enseñó para que de verdad seamos ese holocausto de olor agradable al Señor de vida santa y de olor agradable para las naciones de salvación. Dejemos de llenar nuestro corazón y mente de nuestros sentimiento que no han sido entregados al Señor (ora y ora tanto hasta el momento en que de verdad se los entregas a Él), dejemos de albergar la ira, el resentimiento, el odio, el enojo y el dolor del pasado. No dejemos que el vino del furor de la ira nos llene, sino el vino de la vid verdadera. Que nuestros ojos no sean nublados por el engaño del enemigo, ese engaño disfrazado de verdad y autocompasión, sino llenemos nuestro ser de obediencia.


Que el fuego que ofrezcamos sea un fuego santo por medio del cual sepamos distinguir lo santo y seguirlo y despreciar lo profano.


"Hoy estamos un día más Cerca del Regreso de Nuestro Amado Señor Yeshúa/Jesús"