Resumen Parashá Vayakhel

     Torah: Éxodo 35:1 – 38:20

Haftará: 1 Reyes 7:13-26

Brit Jadashah: Hebreos 9:1-10

Somos parte de la misma familia, del mismo pueblo, del mismo proyecto. ¡Somos un cuerpo en Elohim y la cabeza es Mashiaj!

    La parashá vayakhel nos muestra a un Moshé entusiasmado por la construcción del Tabernáculo. El llama a la Kehilá o congregación y les comienza a dar los planes del Eterno para hacer su morada temporal (el tabernáculo) para estar entre el pueblo siempre.

 

    Moshé inicia con el shabat. ¿Por qué repetir las indicaciones concernientes al Shabat? Porque la construcción del Mishkan incluye a shabat en su diseño. Más que un lugar de culto, el Mishkan implica que la manifestación del descanso del pueblo es en el Eterno. El Mishkan nunca reemplaza shabat, sino que hace a shabat más palpable, nos acerca al corazón del Eterno.

 

Si el pueblo asienta en el corazón por qué guardar el shabat, entonces la ofrenda que presente al Eterno será para una edificación correcta de la morada donde Elohim mismo se hará manifiesto. Entonces hará una ofrenda que de verdad hable de lo agradecido que está no solo del perdón otorgado después del asunto del becerro de oro, sino la oportunidad de formar parte de esta obra.

 

    El pueblo se retira después de recibir la instrucción de la ofrenda y de la construcción. El pueblo mostró su gratitud y abundó tanto el material que incluso sobraba. El mismo Moshé tuvo que decir al pueblo que se detuvieran de construir ya que se había completado lo necesario para la construcción. Hombre y Mujeres, niños y ancianos, jefes de familias y jefes de tribu, ninguno acortó su mano para la ofrenda porque entendían una cosa: Somos parte de la misma familia, del mismo pueblo, del mismo proyecto. ¡Somos un cuerpo en Elohim y la cabeza es Mashiaj!

 

    El turno llega a Bezaleel y a Aholiab parar organizar y dirigir la obra del tabernáculo. El Señor los eligió y les dio de su Espíritu para poder realizar la obra y liderar a todos los que serían parte. No solo se ofreció de las arcas del pueblo, sino que se dio la oportunidad de ofrendar sus talentos para llevarla a la realidad.

 

Así como Moshé entendió que todo debía ser conforme al modelo que le fue mostrado en el monte, así cada artesano y cada ofrendante entendió que debía ser igual. No se le añadió nada extra a lo pedido en la ofrenda y no se le añadió nada al diseño de la misma, siempre fue como el Eterno lo mostró. Una vez sabiendo lo que sucede cuando añades de tu propia intensión o iniciativa, nunca más se volvieron a equivocar. Escucharon e hicieron lo que el Señor indicó.