Resumen parashá Shemini
Torah: Levítico 9: 1-11: 47
Haftará: II Samuel 6: 1-7: 17
Brit Jadashah: Hebreos 7:1-19

La porción Shemini nos introduce a uno de los eventos más importantes para nuestro pueblo. Shemini o el octavo día después de la preparación Aharon y sus hijos inician con el servicio del altar. Se ofrece víctima por el Sacerdote y su casa y por el pueblo. No solo por el pecado, sino por la dedicación y por la paz que el pueblo estábamos experimentando en ese momento de ser aceptados por el Eterno.
El Eterno manda fuego desde los cielos para consumir las ofrendas presentadas a causa de la obediencia de Aharon y sus hijos. Aharon hizo todo como se le ordenó, se sujetó a las instrucciones del Eterno y por esa razón el Señor acepto las ofrendas no solo en señal de que el pecado del pueblo era perdonado y el pago de muerte fue saldado, sino que también los recibió como pueblo, los santificó para sí mismo y les mostró que la “paz que sobrepasa todo conocimiento” inundaba la relación entre el Eterno y nosotros.
El júbilo del pueblo no se hizo esperar y alabando al Eterno, se postraron sobre sus rostros con lágrimas de felicidad y corazones hinchados de gozo. Así mismo, el gozo de los hijos de Aharon les inundó y tomando sus incensarios ofrecieron incienso. Un incienso que no pidió el Eterno en un fuego que no era brasas del Altar. Así, en medio del júbilo y del furor, murieron los sacerdotes Nadab y Abiú por causa de hacer más allá de lo que el Eterno instruyó.
Sus cuerpos fueron sacados para ser llorados por el pueblo, sin embargo Aharon y sus hijos se mantuvieron en el servicio del altar sin presentar las señales de duelo en sus cabezas ni en sus vestiduras. Sin embargo en su luto, Aharon no comió del holocausto lo que causó el malestar de Moshé. Mas cuando escuchó las palabras de Aharon se quedó satisfecho de ver que aún la carne santa se le dio el trato correcto y se obedeció de acuerdo a la Torah.
A causa de esto, el Eterno hablo con Aharon por primera vez siendo sacerdote para darle instrucciones para que los sacerdotes estén sobrios para que no haya ni una brizna de insensatez o falta de lucidez. Porque en un juicio completo, el juez de Israel sabrá discernir entre santo y profano, puro e inmundo.
Finalmente el Eterno le habla a Moshé y a Aharon sobre las instrucciones para que no solo el sacerdocio sepa hacer esa distinción, sino todo el pueblo con ellos. El Eterno que nos hizo subir de Egipto para ser nuestro Elohim nos enseña a no participar de la mesa de Egipto ni de Canaán, al comer solo lo que Él dice que es puro: Solo animales que rumian y además tienen pezuñas hundidas, peces de aleta y escama, aves no carroñeras y de objeto de culto pagano e insectos que saltan y vuelan. Es así como el pueblo aprenderemos a hacer la diferencia entre lo puro y lo inmundo.