Pekudei II (5782-5893)
2 Hicieron el efod de oro, de material azul, de púrpura, de carmesí y de lino torcido. 3 Extendieron láminas de oro e hicieron hilos para tejerlos junto con el material azul, la púrpura, el carmesí y el lino, obra de fina artesanía. 4 Le hicieron hombreras que se juntaban sobre él en sus dos extremos, para poderse unir. 5 Su ceñidor para ajustar el efod, el cual está sobre este, era de la misma hechura y de los mismos materiales: oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido, como el SEÑOR había mandado a Moisés. 6 Labraron las piedras de ónice con engastes de oro alrededor. Fueron grabadas con grabadura de sello, con los nombres de los hijos de Israel. 7 Y las pusieron sobre las hombreras del efod, como piedras para recordar a los hijos de Israel, como el SEÑOR había mandado a Moisés.
Éxodo 39:2-7 (RVA2015)

La vestimenta sacerdotal es una prenda gloriosa y muy elegante. Podemos decir que refleja el caracter del Señor. Que escena tan impactante debío haber sido el ver al Rey y al Sumo sacerdote en Israel. Dos figuras de autoridad reflejando la majestad del Eterno. De hecho y antes de el establecimiento de reyes, el Sumo Sacerdote lucía como un rey en medio del pueblo. Pero una clase de rey diferente al resto de las naciones.
A la muerte de Moshé/Moisés, el sumo sacerdote era la autoridad y guía para que el pueblo se condujera por el camino correcto. Su noble labor requería de un estado de santidad muy elevado. Es decir, de estar en purificación constante y realizando las tareas que el Señor le encargo, sin olvidarnos de la obediencia a sus mandatos. La vestimenta sacerdotal refleja esa sujeción a los mandatos del Señor no solo de las obras que como uno más del pueblo debía realizar, sino también las acciones que requerían su llamamiento de sacerdote.
Esto mismo podemos ver aplicado para los sacerdotes regulares, que tenían sus propias tareas a realizar en "la Casa", los levitas y el resto del pueblo también. La vestimenta de cada uno refleja la autoridad y la santidad que vive y practica.
Su obediencia y sujeción al Señor lo va vistiendo de honra y honor. Esto quiere decir que la falta de obediencia nos viste de deshonra. En palabras del Señor Yeshúa/Jesús, "nos viste de bodas" o nos dejamos de vestir para las bodas. Si la obediencia nos viste de honor, ¿de qué se visten aquellos que son rebeldes a la palabra de Señor poniendo a la gracia por pretexto? Es difícil imaginar que una persona que está en contra la palabra del Señor, en contra su Torah crea que está vistiendo elegantemente delante del Señor. Los trajes armani, sccapino u oscar de la renta son harapos si no estamos siendo obedientes al Señor y no hacemos obras de justicia que hablen de nuestra fe en Mashiaj/Mesías. No habrá vestido de diseñador que pueda cubrir la vergüenza de estar en rebeldía y desobediencia al Señor.
La congregación de laodisea recibe una palabra muy dura en la carta que el Señor le dicta a Juan. En ella el Señor Yeshúa/Jesús les reprocha su actitud tíbia, de apariencia de piedad. En el discurso son unos santos, pero en el interior de sus habitaciones son blasfemos, adulteros, fornicarios, egoístas, idólatrás, necios, no perdonadores, desamorados, desdeñando cualquier cosa buena que el Eterno nos manda con la gracia por pretexto. No importa cuanto quieras adornar tu fachada con elogios y palabras rebuscadas,con estudios teológicos o filosofías; "eres un miserable, enfermo, pobre, ciergo y desnudo" (Apocalipsis 3:14-22). Mientras sigas con tus prácticas gentiles y justificando tus acciones con: cansancio, "tengo mucho trabajo", "no puedo dejar de hacer esto o lo otro", "es que el Señor sabe que me es complicado", o usando la gracias como pretexto para seguir en tus faltas, tu vestimenta delante del Señor será solo girones sucios y malolientes. Aun tomar la Palabra del Señor fuera de contexto para justificar tus prácticas te hace más cupable ya que rompes el mandato de "no quitarás ni añadirás a ésta palabra".
Para las naciones, para el mundo, para los gentiles (que son gente rebelde con el Señor y no les importa tener nada de relación con Él), tu vestimenta será gloriosa, porque ellos visten así: cubiertos en su frente y desnudos por detrás. Entre los desobedientes y blasfemos, entre los impíos y los hipócritas, vestir andrajoso no es problema. Los sacerdotes paganos, brujos y hechiceros visten harapos. Si un creyente, un hijo del SEÑOR viste de esta manera es una total desgracia, porque con su boca dice ser pueblo del Señor, pero su apariencia es la de cualquier otro egipcio o cananita.
Como pueblo del Señor debemos olvidarnos de parecernos a las naciones y ser más como el Israel que el Señor demanda de nosotros. Debemos olvidarnos de tanto pretexto, de tanta apatía, de tanta indiferencia, de tanta rebeldía y sobre todo, dejar de pensarlo tanto y más en estos tiempos que es necesario actuar cada vez más. No viene el fin todavía, pero se está anunciando que pronto vendrá. ¡Qué el Señor encuentre a su pueblo vestido de santidad y obras de justica, vestidos para las bodas! La única manera de vestir de esa manera gloriosa es dejar las leyes de los hombres, quitarse el yugo de la herencia romana y de la roma reformada o protestante, armarse de valor y volver a la senda antigua, la senda de la Torah que nuestro Señor Yeshúa nos enseñó como un camino correcto, santo y puro.
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